Sí, efectivamente la respuesta más evidente es “uñas”. Ahora hablemos de lo menos evidente, de lo que se nos escapa y es tan necesario comprender para entendernos. Para avanzar, primero vayamos hacia atrás. Aceptemos nuestra pertenencia al reino animal y los miles de años de evolución que nuestro cuerpo ha tenido que pasar para llegar hasta aquí. Como animales que somos, tenemos unas necesidades básicas que cubrimos con las herramientas que vienen de fábrica en nuestro cuerpo. Quizás tengas gatos o perros, o sencillamente hayas visto algún documental sobre mamíferos, pues bien lanzo la pregunta: ¿para qué usan sus uñas los animales? En el caso de los monos, podríamos contestar que para quitar piojos al vecino y sería correcto. Otros animales las usan como herramienta para trepar, buscar comida o cavar un refugio. Yendo más allá de eso, busquemos una respuesta que nos englobe a todos. ¿Ya? Seguro que has adivinado lo principal:

  • Para defenderse.

  • Para atacar.

Cuando nos estamos mordiendo las uñas estamos intentando quitarnos ambas capacidades. Siendo tan necesarias la pregunta sería ¿por qué?

joyce-huis-292442-unsplash.jpg

Muchas veces es “menos peligroso” dejarnos vulnerables que defendernos. Si vivimos en una casa donde defendernos está prohibido para adaptarnos y sobrevivir una parte de nosotros decide que lo mejor es quitarnos la capacidad de ataque. Puede ser que de niños nuestra familia nos haya inculcado la idea de que tenemos que ser niños buenos (o, mejor dicho, lo que ellos consideran bueno) y que eso implica que no podemos poner límites, sentir ira o decir lo que pensamos. Por tanto, para pertenecer a la familia y cumplir con sus deseos mordemos nuestras uñas. Al crecer puede ser que deseemos “algo más”, puede ser un objetivo que nos haga ilusión, decir algunas cosas a nuestra pareja sobre cómo nos sentimos o poner las cosas claras en el entorno laboral. Si hacemos cualquiera de ellas la paz terminará, nuestra zona de confort se verá afectada, así que nos tragamos la frustración en forma de uñas.

Este año en clase de psicosomática una alumna me pidió tratar este tema, ya que ella lo hacía y no sabía por qué ni cómo evitarlo. Después de verlo todos juntos, empezó a entender lo que se movía por debajo. Le propuse pillarse infraganti cuando lo hacía y que en ese momento analizara qué estaba pasando en su vida. Esto fue lo que me contó:

·     Cuando pienso todo lo que tengo que hacer y siento que no puedo, que esa situación me supera. Es cuando me siento incapacitada.

·     Cuando pienso que no llego a fin de mes y tengo que pedirle dinero a mis padres, como si no pudiera sobrevivir sin ellos.

·     Cuando soy inflexible conmigo, cuando no me salen las cosas bien y me empiezo a poner nerviosa. Siento que lo que creo que me puede hacer feliz no lo voy a conseguir.

·     Cuando se mordérmelas se ha quedado un reborde o una piel y siento que hay que quitarla. En ese momento empiezo a morderlas hasta que me hago daño. Todo empieza porque siento que tiene que quedar perfecto y no puedo dejarlo antes.

Es muy probable que estos ejemplos resuenen a aquellos que tienen esta manifestación.

Captura de pantalla 2018-08-23 a las 19.20.33.png

¿Qué te dijeron en casa sobre morderte las uñas?

Socialmente está mal visto morderse las uñas, habitualmente por un tema estético sobre todo hablando de mujeres (siempre con esa fijación que nos han inculcado de “estar presentables”). Más de una hemos sufrido manotazos maternos al pillarnos en plena faena, líquidos de sabores asquerosos o picantes y comentarios como: “¡Te estás destrozando las manos!”, "Esas no son las manos de una señorita”, “¡Qué manos más feas!” o “¿Qué van a pensar cuando te conozcan y vean esas manos?”. Si tenemos hijos quizás ya hayamos comprobado que usar estas estrategias tiene un escaso éxito. Además, hay que añadir que estamos haciendo que el niño se sienta mal y culpable. Lo correcto sería comprender que hay algo profundo que se está manifestando y que necesita atención. Tanto con un niño como con un adulto veamos:

¿Cuándo se da el impulso a morderse las uñas? ¿qué se está haciendo en ese momento? ¿hay siempre alguien concreto delante? ¿qué emoción se está sintiendo?

A veces es más seguro atacarnos a nosotros mismos que a otro

Lo habitual es que encontremos frustración, sensación de impotencia, represión de las ganas de hacer algo, incapacidad para defendernos de una situación o persona. Es a todas estas informaciones a las que hemos de dedicar energía, no al hecho de morderse las uñas, de cómo lo ven los demás o de si es o no estético. Por encima de todo es una forma de sacar algo que tenemos y que necesita ser visto, no criticado. Recordemos que la persona que lo hace es porque para ella en ese momento es más seguro atacarse a sí misma que atacar o defenderse de otro. Al menos eso opina su inconsciente ¡que es el que manda!

Aceptar nuestra agresividad nos ayuda a lograr nuestros objetivos, a decir que está bien y mal para nosotros, a sentirnos seguros y valiosos. En definitiva, como suele decirse, toca atreverse a defender lo nuestro con uñas y dientes. ¡Adelante!

Este artículo ha sido originalmente publicado en Octubre de 2018 por la Revista Universo Holístico. 

Raquel Rús

Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.

Captura de pantalla 2018-10-02 a las 17.17.33.png

 

Comment